Su lucha III

Con el paso de los días fui aprendiendo a manejar mi poder. Mi velocidad, mi fuerza, mi conexión con cada persona…
Podía escuchar dentro de mi cabeza los pensamientos de la gente. Al principio sólo era ruido, pero cuando comencé a entender su funcionamiento lograba centrarme en la persona que me interesaba, o escuchar conversaciones de gente que estaba al otro lado de la ciudad. Buscaba mentes tranquilas para hacer míos sus pensamientos y así poder olvidarme un poco del odio que crecía en mi interior. Una infinidad de emociones encontraba en otros lugares, era duro vivir el sufrimiento de otros. Había tantas almas destruidas a mi alrededor que era difícil hallar un sitio donde descansar. A veces me quedaba absorto en aquellos que intentaban reconstruirse, apreciar el intento por seguir adelante, sus ideas más íntimas eran mías. Se mezclaba la decadencia con la fuerza de sobrevivir. Aún así, yo no reparé lo que se había destrozado en mi interior. Quería venganza, así ella no podría volver a jugar con nadie más.

Y así fue como encontré a Gabriel, mientras ahondaba en una de sus víctimas.

—Puedo sentirte —me dijo.
Me asusté, al principio creí que el hombre al que había poseído podía hablarme. Rápidamente comprendí que no era él.
—Vaya, dos seres de la noche vagando en la misma mente —le dije.
—Yo no estoy en su cabeza, estoy junto a él, bebiendo. Y he de decir que se hace mucho más delicioso contigo ahí.
—Me alegra que pueda producirte placer.
—Si tú te concentras también te lo producirá a ti.
Y era cierto, nos mantuvimos en silencio mientras el absorbía la vida de su presa, los tres estábamos conectados. Podía sentir como aquel vampiro saciaba su hambre, el deseo que en él crecía al sentirme a mí junto a él y aquella mente más frágil envuelta en algo que no comprendía, perdiendo fuerzas, sumiéndose en un sueño eterno.
Cuando su víctima se apagó perdí la conexión con Gabriel.
Durante noches iba buscando en el interior de cada ser que mis sentidos hallaba, con la esperanza de volver a unirme a aquel vampiro. Tardamos muchas noches en encontrarnos, al final él me encontró a mí.

—Me alegro de dar por fin contigo —me dijo su voz mientras yo me alimentaba de una joven. Era él.
—Te he buscado durante todo este tiempo.
—Y yo a ti.
—¿Sólo podemos comunicarnos a través de sus mentes?
—Sí, a no ser que estemos lo suficientemente cerca entonces podríamos sentirnos, aunque no podríamos hablar como ahora —me explicó.
—Me llamo Uriel. ¿Dónde estás?
—Yo soy Gabriel y estoy detrás de ti.

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