Su lucha VI (Final)

Cuando llegué Gabriel estaba sobre Catania, sujetándola. Yo portaba en mi mano derecha la estaca, los miré allí tirados en el suelo y apreté con fuerza la madera que descansaba en mi mano.
—Gabriel apártate, ya estoy aquí —dije en un tono seco, gritando.
Gabriel se retiró y yo me avalancé sobre Catania clavando aquella punta afilada en su corazón. Al tiempo grité:
—¿Por qué Catania? ¿Por qué? Yo te amaba.
Ella sólo dijo:
—Porque eres mi utopía.
Y agarró mi cabeza para girarla y clavar sus colmillos en mi cuello. Bebió de mí como hacía cuando aún era mortal y en ese momento nuestras mentes se volvieron una, nuestro sentir permutó, me mostró todo lo que yo desconocía, respondió a mi pregunta “¿Por qué Catania? ¿Por qué?”.

Sus sentimientos hacia mí eran verdaderos pero, ¿y los míos hacia ella?, ¿eran reales? Estaba prohibido que un vampiro convirtiese a un humano por amor. El vampiro tenía un poder de persuasión ilimitado, en parte inherente, en parte deseado. Cómo diferenciar, cómo saber, ¿ella me obligaba a amarla o mi amor era voluntario? Sentí su miedo, su confusión, su desesperación.
Finalmente Catania se dejó llevar, olvidando las normas, descuidando su responsabilidad sobre mí. El amor la cegó y cuando fue consciente de lo que había hecho, ya era tarde. Si alguien descubría su secreto ambos estaríamos condenados a muerte. Estaba prohibido, prohibido porque no podía saberse hasta que la transformación fuera completada si el amor hacia el vampiro era cierto. Muchos humanos habían sido condenados a la noche por algo que en realidad no sentían, por un ensueño vampírico.
Todos los bebedores de sangre lo sabían. Nunca por amor.
Yo descubrí todo en ese instante, ella me amaba, y Catania pudo sentir que todo lo que habíamos construido era real, que no había sido su poder el que había generado mi atracción hacia ella.

La vida de Catania se consumió entre mis manos. La abracé con fuerza. Lamenté haber creado ese odio dentro de mí, un odio que tan sólo era amor pero que me llevó a destruir lo que más quería. Derramé mis lágrimas sobre ella.
“Todos los bebedores de sangre lo sabían. Nunca por amor”.

Solté a Catania y en un rápido movimiento arranqué la estaca de su corazón y se la clavé a Gabriel que permanecía unos pasos por detrás de mí. Mordí su cuello para que pudiese percibir todo el dolor de Catania, todo mi dolor. Y vi su realidad. Gabriel el encargado de hacer cumplir la ley. Gabriel, cruel Gabriel, que hiciste que fueran mis propias manos las que sentenciasen.

“Porque eres mi utopía”.

Su lucha V

En ese instante sentí a Catania, podía verla saltar por los tejados. Solté la mano de Gabriel y volé en su dirección. Él me siguió.
Recorrí toda la ciudad, había perdido la sensación de su presencia y corría de un lado a otro, sin rumbo. Finalmente Gabriel se avalanzó sobre mí y me pidió que parara. Yo estaba fuera de mí, necesitaba zanjar este asunto de una vez por todas, acabar con el sufrimiento que me producía.
Gabriel me abrazó y poco a poco fui tranquilizándome. Su presencia me inspiraba ternura, sus brazos me daban seguridad. Me relajé y fui yo quien lo rodeó a él, con fuerza sintiendo el latir de sus venas y quise unirme a él, saborearle, pero él me frenó.
—No, aún no. Antes tenemos que solucionar todo el caos que yace en tu interior. Después, seré tuyo.
Sus palabras me dieron el aliento que necesitaba. No estaba solo. Había encontrado a alguien que desde el principio se hizo eco de mi dolor, que sin dudar me tendió su mano, que incluso sabiendo mi amor hacia Catania me brindaba su ser. Deseé haberle conocido antes, o quizá en otras circunstancias en las que yo pudiese responder a todo lo que él me daba. Cuando terminase todo, le compensaría.

Aprendí que podía localizar a Catania, algo dentro de nosotros estaba unido. Debía tranquilizarme para poder ver. El problema era que ella también podía percibirme a mí y siempre estaba alerta por si me acercaba.
Gabriel trazó un plan. Yo localizaría a Catania y él se aproximaría, tendríamos que matarla juntos. Era algo que quería que fuera mío, pero sin su ayuda no sería posible. Acepté su idea.

Preparé una estaca de madera, bien afilada, atravesaría su corazón sin contemplaciones. Recrear en mi cabeza la escena me producía placer, imaginaba como mi dolor iba desapareciendo mientras se consumía su vida. Acabar con su existencia era eliminar mi sufrimiento.
Gabriel sólo tenía que dar con su paradero y sujetarla, yo estaría cerca para entrar en acción en cuanto ella estuviese inmovilizada. Posiblemente necesitaríamos días para conseguirlo pues Catania era un vampiro con mucha fuerza y sabiduría.

Subimos a una azotea, nos gustaba relajarnos en la altura donde nadie podía vernos. Enseguida percibí a Catania, no estaba lejos. Gabriel bajó rápidamente a la calle y embelesó a un joven, al cual utilizaríamos para poder comunicarnos, y lo llevó con él. Le fui guiando hasta que dio con ella.

“Uriel, la tengo, corre”, susurró en mi mente. Mi corazón se aceleró, el momento había llegado. “Mi dulce Catania, es tu final”, pensé, y volé hacia ellos.

Su lucha IV

Me giré despacio, la impresión que me causó me dejó inmovilizado. Su expresión era la alegría. Me sonreía cruzado de brazos, apoyado sobre la pared. Su pelo largo tapaba parte de su cara. Me acerqué a él y lo retiré con un movimiento lento. Era muy joven aunque sus ojos mostraban otra edad muy diferente. La luz del ambiente transformaba el color de sus ojos, se alternaban entre negro y morados según los movía. Quedé prendado de su belleza y no dije nada.
Mi rostro, sin embargo, era el de la tristeza. Mi belleza se consumía a la vez que mis sentimientos se distorsionaban. El amor, el odio, el rencor, la ira… me estaban destruyendo. Por un momento, mientras observaba abrumado a Gabriel, todo eso desapareció aunque no tardó en volver.
A partir de ese momento nos hicimos compañeros. Le conté mi historia con Catania, como nos habíamos enamorado siendo yo aún humano y ante nuestro deseo de pasar la eternidad uno al lado del otro, la decisión que me llevó a formar parte de la noche. Le hice participe de todo el proceso, todas nuestras conversaciones, pues era una determinación de la que no podíamos dudar. Y no lo hicimos, todas nuestras palabras siempre encontraban más motivos a favor, y finalmente el gran amor que sentíamos el uno por el otro venció a nuestros pequeños temores. Y ahora estaba solo, sin saber por qué, solo ante una nueva existencia tan complicada. Con unas sensaciones que me hacían sufrir, y dolía tanto que en mí sólo cabía un pensamiento: tenía que matar a Catania.
Gabriel me escuchó atento, sin interrumpir mi narración en ningún momento. En la expresión que marcaba su rostro pude ver como empatizaba con mi angustia, y en él nació el mismo propósito.

—Uriel, yo te ayudaré a encontrarla, debe morir.

Por las noches nos alimentábamos y después dedicábamos todas las horas a buscar a Catania. Nos tumbábamos sobre un tejado, cada vez en una parte diferente de la ciudad y nos introducíamos en todas las mentes humanas que nos era posible. Mientras, conversábamos. Me explicó varias maneras de matar a un vampiro, y fue sincero, me advirtió que sería una tarea bastante complicada pues ella era mucho más fuerte que yo, sus sentidos estaban más desarrollados. Era posible que ella acabara matándome a mí. No me importaba.

Estaba teniendo con Gabriel una conexión que me empezaba a producir cierto grado de felicidad. Con él me sentía seguro, saber que tenía alguien a mi lado, que me apoyaba en esta locura, me reconfortaba.

Comencé a dudar de si Catania se encontraría en la ciudad, tal vez hubiese huido. Aunque casi podía sentirla a mi lado, era una sensación extraña, como si un halo de su ser a veces me rodease, me observase. Al final estaba impregnado de ella, necesitaba que esa sensación desapareciera.

Le pregunté a Gabriel sobre que sucedía cuando convertía a alguien, si podían comunicarse o sentirse. Me explicó que él nunca había convertido a nadie y que de su creador poco recordaba, muchos años habían pasado de aquello. Hace años se expuso al sol para consumirse, demasiado tiempo pesaba sobre él. Sentí como su voz sonaba rasgada y olvidé aquel asunto.

Permanecimos en silencio un largo rato, yo me olvidé de buscar y por un momento conecté con mi mente dejando atrás los pensamientos de otros. Cerré los ojos y al instante los dedos de Gabriel se entrelazaron con los míos. Le agarré con fuerza y suspiré.

Su lucha III

Con el paso de los días fui aprendiendo a manejar mi poder. Mi velocidad, mi fuerza, mi conexión con cada persona…
Podía escuchar dentro de mi cabeza los pensamientos de la gente. Al principio sólo era ruido, pero cuando comencé a entender su funcionamiento lograba centrarme en la persona que me interesaba, o escuchar conversaciones de gente que estaba al otro lado de la ciudad. Buscaba mentes tranquilas para hacer míos sus pensamientos y así poder olvidarme un poco del odio que crecía en mi interior. Una infinidad de emociones encontraba en otros lugares, era duro vivir el sufrimiento de otros. Había tantas almas destruidas a mi alrededor que era difícil hallar un sitio donde descansar. A veces me quedaba absorto en aquellos que intentaban reconstruirse, apreciar el intento por seguir adelante, sus ideas más íntimas eran mías. Se mezclaba la decadencia con la fuerza de sobrevivir. Aún así, yo no reparé lo que se había destrozado en mi interior. Quería venganza, así ella no podría volver a jugar con nadie más.

Y así fue como encontré a Gabriel, mientras ahondaba en una de sus víctimas.

—Puedo sentirte —me dijo.
Me asusté, al principio creí que el hombre al que había poseído podía hablarme. Rápidamente comprendí que no era él.
—Vaya, dos seres de la noche vagando en la misma mente —le dije.
—Yo no estoy en su cabeza, estoy junto a él, bebiendo. Y he de decir que se hace mucho más delicioso contigo ahí.
—Me alegra que pueda producirte placer.
—Si tú te concentras también te lo producirá a ti.
Y era cierto, nos mantuvimos en silencio mientras el absorbía la vida de su presa, los tres estábamos conectados. Podía sentir como aquel vampiro saciaba su hambre, el deseo que en él crecía al sentirme a mí junto a él y aquella mente más frágil envuelta en algo que no comprendía, perdiendo fuerzas, sumiéndose en un sueño eterno.
Cuando su víctima se apagó perdí la conexión con Gabriel.
Durante noches iba buscando en el interior de cada ser que mis sentidos hallaba, con la esperanza de volver a unirme a aquel vampiro. Tardamos muchas noches en encontrarnos, al final él me encontró a mí.

—Me alegro de dar por fin contigo —me dijo su voz mientras yo me alimentaba de una joven. Era él.
—Te he buscado durante todo este tiempo.
—Y yo a ti.
—¿Sólo podemos comunicarnos a través de sus mentes?
—Sí, a no ser que estemos lo suficientemente cerca entonces podríamos sentirnos, aunque no podríamos hablar como ahora —me explicó.
—Me llamo Uriel. ¿Dónde estás?
—Yo soy Gabriel y estoy detrás de ti.

SU LUCHA (II)

SU LUCHA II.

Descubrí que los sentimientos de un vampiro son mucho más acusados. Se me instaló un dolor en el pecho que me ahogaba. El hambre no tardó en llegar y tuve que dejar a un lado mis pensamientos hacia Catania, el ser que más había amado y del que ahora solo deseaba su muerte.
Había visto muchas veces alimentarse a Catania, pensaba que con mi instinto y lo que sabía sería suficiente, y sin pensarlo demasiado me lancé a la caza.
Elegí a una muchacha delgada, aún no estaba seguro de la fuerza que poseía. Me acerqué a ella e intenté entablar una conversación, así lo hacía ella, los embelesaba con sus palabras y después se alimentaba de ellos. En su cara vi terror cuando me aproximé a saludarla, la muchacha echó a correr y yo desconcertado fui tras ella, la tiré al suelo y la mordí el cuello. No me dio tiempo a beber más que un sorbo, la había matado en el acto. Había leído que los vampiros no pueden alimentarse de la sangre de un humano ya fallecido, era cierto, en cuanto su corazón se apagó el sabor de su sangre me produjo una arcada que me hizo vomitar.
Intenté averiguar que había sucedido. Seguía cometiendo los mismos errores e iba matando gente sin conseguir beber ni una gota. Me paré a analizar cada paso que daba, tenía claro que el problema era que yo les daba miedo y ahí todo se truncaba, sus ganas de huir y mis ansias de comer.
Analicé la mente de mi siguiente víctima y me vi a través de sus ojos. Mi pelo largo negro y mi sombrero le causó una sensación agradable, la belleza de mi rostro hizo que se sonrojara. En un instante todo cambió, su cara se desencajaba ante el cambio del color de mis ojos, la aparición de mis colmillos y la maldad de mi rostro, en él las venas se marcaban convirtiendo mi belleza en algo monstruoso. Recordé como Catania controlaba aquel cambio. Cuando estábamos juntos muchas veces su ansia por mí le hacia perder el control. El color de sus ojos se volvía entre amarillo y rojo, como si el fuego los prendiese, aparecían sus colmillos y en su rostro se adivinaba un cambio que ella siempre lograba revertir antes de que se produjese por completo. Para mí seguía siendo igual de bella.
Tenía que aprender a controlar ese cambio u ocultarlo. Víctima tras víctima todo fue mejorando, cuando notaba mis colmillos salir me giraba y las cogía desde atrás, abrazándolas tiernamente para terminar saboreando su cuello suavemente. Y así, tras noches sin comer, conseguí aprender a cazar.
Con las fuerzas recuperadas el sufrimiento por todo lo que estaba viviendo volvió a clavarse en mi corazón. Estaba solo. Catania me había condenado. Un único pensamiento bullía dentro de mí, la encontraría y acabaría con su vida.

Continuará…

Su lucha (I)

I.

Vago cada noche, de rincón en rincón, buscándola.
He sido condenado por ella, embaucado, engañado. Dicen que los vampiros no pueden sentir, os aseguro que eso no es cierto. Me hizo sentir alguien especial cuando aún era humano, deseé tener su beso soñando con una eternidad juntos, se lo entregué todo.
En nuestra unión sentí una conexión fuera de lo común, y cuando bebí su sangre mis sentidos se agudizaron, los sentimientos crecieron haciéndome experimentar una felicidad infinita. Nada podría con nosotros. Ella y yo para siempre.
Nos miramos durante minutos a los ojos. En sus ojos, color fuego, pude ver la variación que comenzaban a sufrir los míos. No estoy seguro pero creo que por su mejilla caía una lágrima. Percibí un dolor inmenso en las encías y tuve que dejar de mirarla, me tiré al suelo presa de una tortura indescriptible. Mi dentadura cambiaba. El daño se transportó a mis dedos, mis uñas crecían. Nunca había sentido un dolor tan agudo, o eso creía, el que vendría después fue el que destrozó mi existencia para siempre.
Cuando la transformación se hubo completado me puse en pie, tomé consciencia de mi nuevo ser. La busqué para abrazarla, miré a uno y otro lado, ella no estaba. Sentí algo punzante en mi corazón. Agudicé todos mis sentidos y presentí que se encontraba en el tejado. Corrí hacia ella, trepé los muros, pero cuando llegué no hallé nada.
En el silencio de la noche, bajo su oscuridad alumbrada por el resplandor de la luna grité su nombre:
—¡Catania!
No tardé en derrumbarme al no recibir su respuesta. Comenzaba una nueva vida, solo.

Continuará…